Pablo Valdivia nos cuenta su experiencia como catedrático universitario en Países Bajos

Nuestro socio Pablo Valdivia es catedrático en la Facultad de Artes de Universidad de Groningen y director de la “Netherlands Research School for Literary Studies”. En este artículo, nos relata de una manera personal su trayectoria profesional en Países Bajos.

Me llamo Pablo Valdivia. Hace ya casi 19 años que vivo fuera de España. Me marché del país cuando era la quinta economía del mundo porque me ofrecieron, antes de terminar la carrera, un puesto de trabajo y el pago de mis estudios de postgrado en la Universidad de Nottingham (UK). Por entonces, yo tenía 20 años y me sentía decepcionado con la falta de oportunidades estructurales que brindaba la universidad española, ámbito en el que deseaba trabajar. Cuando surgió la oportunidad de irme al Reino Unido no me lo pensé dos veces.

Por motivos personales, mientras vivía en el Reino Unido y justo durante la fase final de mi doctorado, empecé a ir y venir entre Nottingham y Venecia donde mi pareja terminaba sus estudios. Después ella consiguió un puesto fijo en las instituciones europeas en Bruselas. Por eso, tras una época de viajes entre Nottingham y Bruselas, me presenté al primer puesto que apareció disponible lo más cerca posible de ella y dejé el Reino Unido por los Países Bajos.

Llegué a la Universidad de Ámsterdam en el año 2010, tras la famosa erupción del volcán islandés de nombre impronunciable que colapsó el transporte aéreo de casi toda Europa. De hecho, estuve a punto de no poder acudir a mi entrevista de trabajo en Ámsterdam debido a las cancelaciones de vuelos. Obtuve el puesto de Profesor Titular de Literatura Española por el que competía (Universitair Docent en neerlandés) y todo fueron atenciones por parte de la universidad. Me dejaron negociar qué días quería dar clase, cuántos días a la semana dedicaría para investigar e incluso me pagaron los primeros meses del alquiler de un estudio a estrenar, que ellos mismos me gestionaron, en el barrio Oost de Ámsterdam.

Además, me dieron la oportunidad de desarrollar mis propios cursos y de concentrar la docencia de tal manera que podía vivir en Bruselas entre el jueves por la tarde hasta el martes por la mañana y dar mis clases desde la tarde del martes al jueves por la mañana. Mientras estaba en Bruselas me encerraba a escribir y a investigar, por lo que en menos de un año mi producción científica se triplicó. En seguida me permitieron participar en comités administrativos, formarme y, lo más importante, pusieron un conjunto de recursos a mi disposición para viajar y realizar estancias. Creo recordar que, durante mi primer año, impartí 14 conferencias en distintos países. A veces miro hacia atrás y no sé cómo lo hice. Fue una época excelente porque, aunque yo no conocía previamente a nadie en la Universidad de Ámsterdam, desde el primer momento me sentí muy bien acogido por los colegas, muy especialmente, por el hispanista Antonio Sánchez Jiménez y por el profesor de literatura inglesa Rudolph Glitz. Aprendí mucho y rápido. Sobre todo comprendí pronto los procedimientos de funcionamiento del ámbito de la educación superior en los Países Bajos y esa conciencia clara sobre el sistema y sus mecanismos de trabajo me permitió diseñar estratégicamente el desarrollo de mi carrera profesional. El sistema de este país tiene algo que yo encuentro excelente: la claridad de criterios del UFO y la existencia de un sistema garantista de comités al que siempre se puede apelar si no se está de acuerdo con la decisión que se haya tomado por una instancia o persona concreta.

Así procuré no desdeñar ninguna de las muchas oportunidades que se me brindaban. Pasé de UD (Profesor Titular en el sistema español) a UHD (“Associate Professor” en inglés que no tiene nada que ver con el término “Profesor Asociado” en español) en cinco años hasta que al final del verano de 2015, mientras estaba un día tranquilamente en nuestra casa de Bruselas, recibí la llamada de una agencia de headhunters para comunicarme que la Universidad de Groningen estaba muy interesada en mi perfil para una Cátedra de Cultura y Literatura Europea. Las condiciones de las que me hablaron eran tan buenas que pensé que se trataba de una broma y colgué el teléfono más desconfiado que satisfecho. Más tarde recibí un email que me ratificó que la oferta de trabajo era cierta. El proceso de entrevistas y otras pruebas que debí pasar fue bastante largo, pero comprensible, porque contratar a un Full Professor (Hoogleraar en neerlandés, Catedrático en el sistema español) es una decisión importante. En los Países Bajos el catedrático posee una Chair o Cátedra, es decir, el departamento va asignado al perfil del catedrático y además es la única persona que tiene el derecho legal de supervisar tesis. Una norma más reciente permite a algunos UHD (“Associate Professors” que cumplen requisitos muy concretos) poder supervisar tesis, pero tan sólo de manera temporal. En cambio, los catedráticos son también line managers, cuya responsabilidad exige la toma de muy diversos tipos de decisiones que afectan desde las contrataciones y los despidos hasta la determinación de las líneas de investigación en las que se propone trabajar el conjunto del equipo de la cátedra.

A finales de 2015 obtuve mi Chair y comencé oficialmente mi trabajo en la Universidad de Groningen en junio de 2016. Yo tenía 34 años. Durante el primer año en Groningen, estuve yendo y viniendo entre esta ciudad y Ámsterdam. Cuando a lo largo de ese curso académico se convocó un puesto en la Universidad de Groningen cuyo perfil y contenido interesaba a mi pareja, ella participó en el proceso de selección y se lo concedieron. Tras más de diez años de idas y venidas, finalmente nos pudimos establecer en Groningen. Ahora ella trabaja en el Rectorado como Senior Advisor y yo en la Facultad de Artes.

En resumen, mi experiencia en los Países Bajos ha sido muy positiva. En España jamás hubiera podido ser catedrático antes de los 35 años; aquí ha sido posible gracias a la existencia de un sistema que valora y pretende (a pesar de sus dificultades, deficiencias y múltiples fallas, que las tiene) que el mérito profesional tenga recompensa. Hay múltiples desafíos a los que particularmente los ciudadanos sur europeos nos enfrentamos a diario: nepotismo, xenofobia, racismo o discriminación. Como todos, también soporto estas actitudes en el entorno laboral, pero al mismo tiempo tengo que reconocer que existen instrumentos claros para poder afrontar estos problemas. La intolerancia no es privativa de un país determinado, por lo que, frente a la queja, considero más valioso combatirla desde el día a día con el esfuerzo necesario para mejorar el sistema. Desde esa posición creo que podemos avanzar con un razonable optimismo que, en mi caso, se sostiene sobre algunos hechos. Por ejemplo, a finales de 2017 fui nombrado Director de la “Netherlands Research School for Literary Studies” que es el puesto de mayor responsabilidad que un estudioso de la literatura puede ocupar en este país y no soy holandés. Y uno más, en la actualidad soy asesor científico del “Netherlands Institute of Advanced Studies in Humanities and Social Sciences” y tampoco se mira mi pasaporte para determinar la validez o no de mis criterios profesionales.

Esta ha sido mi trayectoria y mi experiencia hasta ahora en los Países Bajos. He visto de todo y he participado en buena parte de los comités posibles en el sistema de educación superior de este país. Hay muchas cosas que no me gustan y que no puedo cambiar. No quiero presentar una visión edulcorada y pura de la realidad porque tal paraíso no existe en ningún ámbito social o entorno profesional, ni en ningún país. Ahora bien, dicho esto, tengo que reconocer que los Países Bajos me han ofrecido oportunidades profesionales y de desarrollo personal que en España son estructuralmente imposibles porque no existen.

El principal consejo que puedo ofrecer a todos aquellos que quieran construir un horizonte profesional en los Países Bajos es el de que inviertan tiempo y dediquen esfuerzo a entender cómo funciona el sistema (en inglés “system awareness”) y, lo más importante, que procuren un equilibrio entre sus aspiraciones y cómo satisfacer los criterios que puedan hacerlas realidad dentro de lo posible. Las mentes fantasiosas, el exceso de ego, la distorsión analítica son malas compañeras de viaje para entender los entresijos de los mecanismos burocráticos, profesionales y sociales en cualquier lugar. Entre 2010 y 2020, tras diez años ya en los Países Bajos, he visto muchísimos talentos malogrados por culpa de la soberbia y la autosuficiencia. Son los que yo llamo los “suicidas de la carrera académica”. El sistema holandés es, esencialmente, un mecanismo muy complejo que se basa en la interdependencia y la generación de oportunidades. Al mismo tiempo te devuelve, constantemente, una imagen del tipo de profesional que eres como si de un espejo se tratara. Hay quien no acepta o no le gusta la imagen que ve de sí en el espejo y lo rompe, se frustra y se llena de resentimiento. Y hay quien se queda mirando fijamente y piensa que quizá puede hacer algo para mejorar cada día un poco, que conoce sus debilidades para incidir en ellas y solventarlas con toda clase de ayudas en el trayecto hasta el destino al que aspira.

Gracias a los Países Bajos he podido desarrollarme profesionalmente y personalmente de una manera que jamás hubiera imaginado. Aunque, por otro lado, dudo que pase aquí toda mi vida: quién sabe qué otra aventura profesional me aguarda a la vuelta de la esquina. Lo importante es no dejar nunca de mejorar y seguir haciendo lo que a uno realmente le apasiona.

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