DE PAÍSES BAJOS A ESPAÑA, ¿CÓMO SE VIVE LA VUELTA?

Dr. Diego Franco

Estrenamos sección sobre científicos retornados. Noelia Muñoz entrevista a el profesor Dr. Diego Franco que nos cuenta cómo fue su experiencia de Post-doc en Ámsterdam y su proceso de vuelta a España.

Pasó más de 6 años en la capital de los Países Bajos, trabajando como Post-Doc en el “Academic Medical Center” (AMC). En el año 2000, volvió a España como profesor asociado en la Universidad de Jaén. Actualmente trabaja como profesor titular, y es el director del departamento de Biología Experimental y coordinador del programa de doctorado en esta misma universidad. Además, ha realizado importantes investigaciones para entender las bases celulares y moleculares del desarrollo embrionario del corazón y el establecimiento del ritmo cardíaco.

¿Por qué decidiste venir a Ámsterdam como Post-doc?

Cuanto terminé mi tesis doctoral en el Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga, tenía claro que quería salir al extranjero para proseguir mi carrera científica y se planteaban dos posibilidades. Una era hacer un post-doc siguiendo mi trayectoria previa en anatomía y morfología cardiaca en Londres, principalmente centrado en seguir avanzando en anatomía y patología humana o bien cambiar de rumbo hacia una embriología molecular en Ámsterdam. Me incliné por esta segunda opción, pues creía que era más innovadora y tuve la suerte que me concediesen una beca FPI en el extranjero del Ministerio de Educación y Ciencia. Así es como llegue a Ámsterdam.

¿Cómo recuerdas tu experiencia aquí?

A nivel laboral, la experiencia fue extraordinaria, sobre todo teniendo en cuenta que provenía de una universidad pequeña, periférica y muy joven. Cuando terminé mi tesis, la Universidad de Málaga tenía tan solo 22 años de andadura en solitario y ahora me encontraba en una universidad con más de 300 años y eso de algún modo se notaba y se palpaba. Por ejemplo, cuando teníamos reuniones científicas de brain-storming en la Tulpkamer, con sus cuadros antiguos sobre las lecciones de anatomía. Además, me incorporé a un departamento bastante grande, comparativamente hablando y con unos recursos técnicos y humanos excelentes. Los primeros años de post-doc fueron relativamente duros, por las diferencias culturales y sobre todo sociales, pero con el tiempo comprendí que los holandeses no eran raros, solo eran distintos, así que me tenía que acostumbrar a ello. Se me consideró un poco asocial por no levantarme temprano y llegar al laboratorio a las 8:30 para tomarme un café americano y hablar del tiempo (como si el tiempo cambiase mucho en Ámsterdam, frío, viento y/o lluvia, o todo junto). A nivel científico aprendí mucho y rápidamente encajé en el sistema. Me encantaba disfrutar y aprender sobre la visión pragmática de las cosas, la tozudez en las aproximaciones técnicas y experimentales, siempre buscando lo mejor, la excelencia y siendo en general bastante cooperativos. También he de decir, que esto contrastaba mucho con nuestras formulaciones en España, donde todo era mucho más complicado, con muchos menos recursos y muchas veces había que tirar de picaresca. Los últimos años de post-doc fueron geniales, pues ya estaba totalmente aclimatado, en todos los sentidos tanto cultural y socialmente como a nivel de investigación. Incluso llegué a “castellanizar” las comidas al mediodía, pues conseguí que buena parte de mis compañeros extranjeros y algunos holandeses hiciésemos un lunch break fuera del laboratorio todos los días, algo impensable en los primeros años cuando llegué. 

A nivel personal, no todo fue color de rosa, pero sobreviví. El primer año lo pasé solo, con continuos viajes de vuelta a España. Echaba de menos a mi familia y a más gente. En el segundo conseguí que mi “amiga” se viniese conmigo a Ámsterdam y comenzará la Tesis en nuestro Departamento, pero no todo dura eternamente y aquello se acabó al cabo de unos cuantos años. El verdadero problema no fue la ruptura, sino que no había tejido un grupo de amigos en Holanda. Los holandeses para esto son particulares pues guardan mucho o bastante esta distancia social. Después de casi siete años en Ámsterdam, solo pude decir que tenía una verdadera amiga holandesa. Pero todo tiene remedio, con tiempo y buenos compañeros extranjeros todo se solucionó y los últimos años en Ámsterdam fueron geniales. Tanto que todavía hoy lo echo de menos.

Cuando llegaste, ¿contemplabas la idea de volver a España? ¿Qué factores determinaron la vuelta?

Cuando llegué a Ámsterdam, mi beca era por dos años y claro que tenía la idea de volver a España. El problema es que la posibilidad de volver no era real. No había planes estatales o autonómicos de retorno y la situación nacional e internacional no daba tampoco muchas esperanzas a que las cosas pudiesen cambiar. Así que mi opción fue buscarme nuevas oportunidades de post-doc. El tercer año tuve una beca EMBO short-term para ir al laboratorio de Margaret Buckingham en el Instituto Pasteur en Paris y eso me dio nuevas perspectivas. Con esta colaboración pedimos varios proyectos a fundaciones holandesas (NWO, NHS) y me dieron dos proyectos que me mantuvieron en Ámsterdam otros tres años más y también una bolsa de viajes que me permitió moverme a muchos congresos internacionales y crear una amplia red de colaboradores. De hecho, uno de esos años, estuve más tiempo fuera de Ámsterdam que dentro (entre vacaciones, congresos y visitas a distintos laboratorios en Europa y EEUU) y eso fue genial. Tras casi siete años en Ámsterdam, la vuelta se postulaba relativamente difícil, pues había desconectado de la vida social española, pero claro la otra realidad era que tampoco había conectado con la vida social holandesa, sí con la francesa, coreana, italiana y portuguesa que vivían en Ámsterdam. Eso creaba una sensación de continua transitoriedad. Las perspectivas laborales en Ámsterdam empezaban a flaquear, así que amplié horizontes con ciertas posibilidades reales de seguir como post-doc o como profesor asociado (tenure track) en Nueva York y/o Sidney, pero eso se antojaba demasiado lejos. Las verdaderas razones para volver fueron por un lado la oportunidad de volver a una universidad joven, donde todo estaba por hacer y lo que se hiciese para bien o para mal seria en gran parte mi culpa (o no) y por otro lado la familia. No soy una persona muy arraigada ni al terruño ni a la familia, pero en aquellos momentos mi padre tenía una enfermedad crónica, sabía que no le quedarían muchos años de vida más y quería estar cerca esos últimos años. Y también tenía claro una cosa y es que si la ciencia no conseguía arrancar y progresar como yo quería y deseaba en Jaén, siempre estaría dispuesto a saltar de nuevo hacia otros destinos.

¿Fue complicado volver? ¿Qué pasos seguiste?

La vuelta en los primeros años no fue nada complicada. Tenía mucha ilusión por hacer ciencia en España, traer de vuelta todo lo que había aprendido fuera y seguir tejiendo y manteniendo los contactos internacionales que tenía. Junto con Amelia Aranega, conseguimos un proyecto coordinado del plan nacional. Además, congenié muy bien con los miembros más jóvenes de nuestro departamento, en particular con Antonio Caruz y Francisco Navarro, pues ambos habían realizado también estancias post-doctorales en el extranjero, en concreto en Paris, y eso nos hizo que aunando esfuerzos y sinergias pudiésemos introducir cambios en la forma de trabajar en el Departamento, por ejemplo, haciendo que todos los equipos se compartiesen y no estuviesen duplicados o triplicados. Además, también conseguí un proyecto internacional con la colaboración de mis contactos franceses y eso fue esencial para poder iniciar mi andadura fuera de la influencia de Ámsterdam. Si bien los primeros años fueron difíciles por la falta de infraestructuras, esto se compensaba con los apoyos internacionales y con la ilusión, talento y trabajo de estudiantes comprometidos por hacer ciencia de calidad. Los contactos de Ámsterdam y París sirvieron poco después para estar dentro de un proyecto europeo que consiguió consolidarnos como un laboratorio europeo en desarrollo cardiovascular. Creo que uno de mis aciertos fue el romper el cordón umbilical con el laboratorio de Ámsterdam básicamente desde el primer momento. Si bien las líneas de investigación que desarrollamos en Jaén tenían cierta base sobre lo que anteriormente estuve investigando en Ámsterdam, no eran líneas que se fuese a seguir allí y por tanto eran netamente jienenses.

¿Crees que tu estancia en Países Bajos te ayudó a conseguir una posición más alta en tu vuelta a España? ¿Por qué?

Sí, claramente sí. La experiencia en investigación que obtuve tras estar como post-doc en Ámsterdam, en el AMC, me permitió tener un CV bastante bueno a la hora de retornar, lo que me permitió rápidamente obtener financiación tanto autonómica, nacional e internacional como investigador principal en los siguientes años tras mi incorporación a la Universidad de Jaén. Además, mis contactos internacionales, tejidos cuando era post-doc en el AMC, me permitieron mantener colaboraciones con distintos laboratorios extranjeros, que sin duda fueron de gran ayuda para seguir investigando al ritmo y nivel deseado. A nivel académico, también creo que ayudó, pasando de ser profesor visitante a profesor ayudante tras un primer año y ha contratado doctor tres años después y finalmente obtener la habilitación como profesor titular de Universidad en 2008, básicamente, ocho años después de regresar a España. Por tanto, ayudó, tanto a nivel científico como académico, por las publicaciones y contactos establecidos durante el post-doc.

¿Qué aspectos echas de menos de la vida y el trabajo en Países Bajos? Por el contrario, ¿Qué es lo que más valoras de estar de vuelta en España?

De la vida holandesa echo poco de menos, pues el clima es bastante poco agraciado y la vida social es también demasiado distante, demasiado cuadriculada y les falta una palabra en el vocabulario, improvisar, así que la verdad es que poco. En el trabajo sí echo mucho de menos algunas cosas, por ejemplo, su carácter pragmático a la hora de programar y hacer las cosas (seminarios, reuniones, brainstorming sessions, etc…). Es envidiable que haya siempre una programación exquisita de las cosas y que todo o casi todo funcione puntualmente. También es envidiable su carácter negociador, sin vencedores ni vencidos, sino simplemente buscando lo mejor para todos y por supuesto la calidad y la excelencia en la investigación. Lo que más valoro de estar de vuelta en España es el calor humano, la complicidad para hacer muchas pequeñas cosas y para disfrutar de todo lo que nos rodea. Somos una sociedad muy acogedora y por eso la llegada a Jaén, aun no siendo mi ciudad natal, fue extraordinaria.

¿Qué consejo darías a los científicos españoles que se encuentran ahora trabajando en Países Bajos?

Pues creo que lo más importante que se puede hacer en los Países Bajos es aprovechar al máximo las prestaciones científico-técnicas que tienen y sacar el mayor provecho de ellas, aprendiendo y publicando todo lo que se pueda y al mejor nivel. Además, como el tiempo no acompaña para ir al campo, todo es llano e igual, se puede aprovechar casi todos los fines de semana para estar en el laboratorio, ya habrá tiempo de descansar esos fines de semana cuando estéis de vuelta en España. No obstante, siempre hay tiempo para unas cuantas cervezas y un poco de comida indonesia, que es básicamente la comida “típica” holandesa. También creo que debemos de aprender su espíritu negociador, sin acritud, para que todos y todo funcione mejor, así intentar que cuando estéis de vuelta en España, esto permita también mejorar un poco nuestro país.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.